Monday, July 3, 2017

¿La conquista española de México? Hecha por guerreros y capitanes indígenas españolizados… ¿Te cae?

ROGER VILAR

Don Gonzalo Matzatzin Moctezuma, recibió una lanza y una espada, y accedió a conquistar  Oaxaca, por lo que su Católica Majestad Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico le otorgó el título de capitán.

Muchas veces el mito y la leyenda rebasan a la historia. Ejemplos hay muchos. El poema épico del Cid Rodrigo Díaz de Vivar lo presenta como el adalid de la cruz contra la media luna musulmana. Sí, sí peleó contra islámicos, y les ganó muchas batallas. Pero también se puso a las órdenes de un emir musulmán, por dinero, y atacó a reyes cristianos de la península Ibérica. El Cid, en realidad, no peleaba por España, lo hacía por sí mismo. Al menos es lo que han concluido muchos historiadores en la actualidad.

Lo mismo sucede con el rey Arturo, personaje fundacional de la identidad del Reino Unido. No hay pruebas concluyentes de que haya existido.

Camelot, castillo y capital del legendario rey Arturo, protagonista de numerosas leyendas, poemas y novelas medievales, podría haber estado en el territorio de la antigua fortaleza romana Camulodunum, en Slack, West Yorkshire, en el Reino Unido. Así lo aseguró el profesor de literatura británico, Peter Field, en una nota informativa publicada en el sitio web de la Universidad de Bangor en Gales del Norte, donde el profesor enseñó entre 1964 y 2004. Pero hasta ahora no hay pruebas concluyentes de eso ni de que el rey Arturo habitara ahí. Tampoco saben con certeza donde podría estar su tumba.

Como último personaje y rey legendario de la historia universal citaré a David, quien según la tradición bíblica es el fundador del Reino de Israel, y caudillo invencible en las batallas. Los arqueólogos han encontrado ocho tumbas en Jerusalén. Se supone que una de ellas pueda ser la del rey David. Pero no hay pruebas concluyentes.

Bien, dejemos los ejemplos a nivel universal, pues son demasiados, y vamos al tema que nos ocupa.

Es un tema que he formulado a modo de pregunta, y que lleva implícita una dosis de sarcasmo e ironía: ¿La conquista española de México?

A ver, reflexionemos un poco para descubrir el meollo de la cuestión. Hernán Cortés llegó a México acompañado de unos 800 soldados españoles. Al final, debido a combates o enfermedades, se redujeron a unos 400 ó 500 hombres de armas ibéricos. Tenían caballos, arcabuces y espadas de acero. Pero a ver, cabecita crédula, ¿sabes cómo funcionaba el arma de fuego llamada arcabuz? No tenían balas como las de ahora. Primero se le introducía la pólvora, luego una bolita de plomo y después se disparaba. Causaba más estruendo que mortandad. El arcabucero demoraba unos cinco minutos para volver a cargar su arma. Ese tiempo era suficiente para que, por lo menos, diez guerreros mexicas lo rodearan, despojaran de casco y armadura, y lo mataran a porrazos o con el propio arcabuz del malhadado soldado español.

¿Los caballos? ¿Las espadas de acero? En realidad estas eran las armas más mortíferas de los españoles, según el historiador británico Hugh Thomas. Causaban gran pánico e impacto psicológico en los indígenas, que pensaban que aquellos soldados eran una especie de centauros que soltaban fuegos y rayos por sus manos. Pero, a los tres meses, los indígenas ya sabían que Cortés y sus soldados no eran deidades, sino hombres como ellos.

Volvamos a preguntar. ¿A quién se le ocurre pensar que unos 600 españoles hubieran podido tomar México Tenochtitlan, defendida por miles de guerreros bajo las órdenes del emperador Cuauhtémoc?

La respuesta es sencilla, si logramos romper el velo del mito. Cortés lo que logró hacer fue sublevar a muchos pueblos oprimidos por el poder azteca para derrocarlo. Según Hugh Thomas, en su libro  La conquista de México, Hernán, en su segunda marcha contra la capital azteca llevaba 600 españoles…. y 100 mil guerreros indígenas, aproximadamente.

Ahora las cosas empiezan a sonar lógicas. Y hay muchas más pruebas. La ayuda de los guerreros y jefes indígenas fue fundamental para conquistar el norte y el sur de lo que había sido el imperio azteca. En muchos casos, protagónica y decisiva. Los capitanes mexicas fueron bautizados por la Iglesia. A muchos se les dieron un nombre español, ropas y armas europeas. Pero su sangre era de estas tierras.

Pero aquí no acaba el asunto, queridos mexicanos y queridos españoles, que son las dos nacionalidades implicadas en esta paradoja a la que se le llama “conquista española”, pero que en realidad fue una conquista de territorios de mesoamérica, llevada a cabo a veces por caudillos españoles o por caudillos indígenas españolizados. ¿Las tropas? Guerreros indígenas.
Revisemos algunos datos del libro Indian ConquistatorsIndigenous allies in the Conquest of Mesoamerica, editado por Laura Laura E. Matthew y Michel R. Oudljk.

Según este libro, la explicación de la conquista ( principalmente de México central, pero hasta cierto punto de Mesoamérica) ha subrayado varias veces el genio de Hernán Cortés, la superioridad de los recursos militares españoles, la intervención providencial de Dios, la decadencia política y moral del imperio mexicano de la época La debilidad estructural de ese imperio y la desunión de los pueblos mesoamericanos, el impacto de la enfermedad epidémica y las fallas de Moctezuma y su supuesta creencia de que Cortés era la deidad que regresaba de Quetzalcóatl. Al respecto de estas razones “míticas” Matthew Restall sostiene que las conquistas españolas en las Américas pueden explicarse en su mayoría por una combinación de tres factores que trabajaron juntos:1- la enfermedad epidémica, 2-la desunión nativa o el micropatriotismo, 3- las armas de metal.

En el caso de la conquista de México el aspecto más obvio es el hecho indiscutible de que Tlaxcala proporcionó un gran número de guerreros para ayudar a los españoles en su asedio y destrucción de Tenochtitlan; de hecho, esto ya no es una observación revisionista en absoluto, ya que ningún historiador de hoy argumentaría que la marginación de los tlaxcaltecas en las pinturas de Kislak refleje con precisión su papel en la destrucción del imperio mexica. Sin embargo, lo que es menos conocido es el alcance y la naturaleza del apoyo e influencia indígena durante la conquista de territorios que se hallaban al sur o al norte de México-Tenochtitlán.

Esta conquista más allá de la capital del imperio azteca implicó décadas de actividad militar española en Mesoamérica, comenzando en 1519 y extendiéndose hasta el siglo XVI. Vamos a ver los roles nativos en cuatro categorías, pasando de la mejor conocida a una sugerencia más novedosa sobre patrones de conquista y posibilidades. Estas cuatro categorías son:

Primero: el número de auxiliares nativos.

Segundo, la ubicuidad de los aliados nativos.

Tercero: el papel crucial de los auxiliares no combatientes, tales como guías, espías, intérpretes, porteros, cocineros, etc.

Y cuarto, la más curiosa: la posibilidad de que la conquista española imitase patrones de conquista y de expansión imperial en Mesoamérica que habían sido utilizados con anterioridad, de modo que se modeló en cierta medida las conquistas que crearon el imperio mexica.

Los pobladores de Mesoamérica no sólo aportaron soldados, según fuentes encontradas en archivos de España y América, Cempoala dio cuarenta capitanes, mientras que Xalacingo dio veinte.

La campaña de Alvarado en Guatemala sugiere que estos capitanes estaban a cargo de unidades que los españoles llamaban cuadrillas, escuadrones que consistían en personas de la comunidad de origen de cada capitán, o sea, sus vecinos, o quizás sus subordinados.

Estas cuadrillas tenían entre doscientos o cuatrocientos soldados

La contribución de Cempoala a los españoles fue de ocho mil hombres de guerra.

Según Bernal Díaz del Castillo, Xicotencatl, el principal gobernante de Tlaxcala, insistió en que diez mil soldados indígenas acompañaran a los españoles a Cholula. Más tarde, durante el sitio de Tenochtitlan, el número de españoles había aumentado a unos quinientos hombres, mientras que, por lo menos, veinticuatro mil aliados indígenas tomaron parte. Estos números podrían haber sido aún más altos. Hay referencias de hasta cuarenta mil indígenas que participaron en una campaña contra Iztapalapa. El número más alto de aliados indígenas lo da Hugh Thomas en su libro: cien mil guerreros.

Igualmente, las elites nativas o comunidades nativas enteras (representadas por sus consejos municipales o cabildos) también presentaron peticiones cuyo estilo y forma tendían a ser una mezcla híbrida de la probanza española y la petición mesoamericana. En particular, durante la segunda mitad del decimosexto varios grupos indígenas enviaron cartas reclamando derechos y privilegios, basados ​​en su participación en la conquista. Además de denominarse a sí mismos como conquistadores, estos peticionarios nativos a menudo citaban el número de personas que participaban en las campañas de conquista. Aunque esas cifras pudieron haber sido exageradas por razones obvias, comparados con los números dados en fuentes españolas nos dan un buen sentido de cuántas tropas indígenas participaron, efectivamente, en ciertas campañas. Un documento de Xochimilco, por ejemplo, afirma que doce mil xochimilca participaron en el sitio de Tenochtitlán y que otros 25 mil acompañaron a Pedro de Alvarado a Guatemala y Honduras.

Una carta de 1547, de Tlaxcala, se refiere a mil hombres que se fueron con los españoles a conquistar Guatemala. Pero en otra carta, también de Tlaxcala, 1567, se dice que esa región proporcionó 20 mil soldados nativos para la conquista española de toda Mesoamérica, tanto al norte como al sur.

Para ese entonces los caudillos nativos habían adoptado nombres españoles, y hasta se les trataba con el “Don”. Don Juan Cortés, gobernante indígena de Tehuantepec, supuestamente envió dos mil hombres a Pedro de Alvarado para la conquista de Chiapas y Guatemala. Pedro González Nájera, ciudadano español de la ciudad de Guatemala y conquistador de la región, afirma que siete mil aliados indígenas tomaron parte en las conquistas. Finalmente, Jorge de Alvarado trajo de cinco a seis mil auxiliares nativos a Guatemala en 1527.

En una expedición a la actual zona de El Salvador, por ejemplo, una campaña de unos cien días, 300 soldados indígenas lucharon, pero sólo 140 regresaron. Otros testimonios de las campañas en el sur de Mesoamérica son vagos, en cuanto al número de personas que murieron. En algunas expediciones, los supervivientes se establecieron como colonos; por ejemplo, en una carta al rey, las autoridades de Xochimilco afirman que más de mil 100 guerreros se fueron en campañas a Panuco, Guatemala, Honduras y Jalisco, pero ninguno de ellos regresó.

Existen evidencias de que la contribución indígena fue mucho más allá de la cooperación y la alianza. En 1584, Don Joachin de San Francisco, cacique de Tepexi de la Seda, en la actual Puebla, exigió que se le eximiera de rendir homenaje, debido a los méritos y servicios de su abuelo Don Gonzalo Matzatzin Moctezuma.

En un asombroso testimonio, respaldado por la declaración de unos 30 testigos, Don Joachin afirmó que cuando Hernán Cortés estaba en Tlaxcala, su abuelo había enviado embajadores con ricos dones para jurar lealtad al nuevo emperador (Cortés).

En esta ocasión Matzatzin, el abuelo de Don Joachin,  recibió una lanza y una espada europeas, y accedió a conquistar la “provincia de Mixteca y Oaxaca”, por lo que recibió en nombre del rey de España el título de capitán. Mientras Cortés regresaba al norte en su camino para reconquistar y castigar a Tenochtitlán por su levantamiento, Matzatzin se volvió hacia el sur y -antes de que la capital mexicana finalmente hubiese caído- conquistó hasta veinte ciudades en la Mixteca Baja y Alta.

¿Qué hubiera sido de Cortés sin la ayuda del gran caudillo Matzatin? ¿Y si los pueblos oaxaqueños, por alguna razón, hubieran decidido ayudar al emperador Cuauhtémoc? El cadáver de Cortés estuviera todavía pudriéndose en lo más profundo del lodo de la ciudad lacustre. Matzatin, reconocido por el propio Carlos V, evitó esto.

Cortés ocultó, por beneficio personal, gran parte de la ayuda recibida por los capitanes indígenas, al no mencionar la alianza con Tepexi. Primero, en sus cartas al rey, Cortés quería demostrar que él solo había dirigido la conquista, a pesar de la oposición de fuerzas formidables.

La ayuda de Matzatin pudo haber sido más grande aún de lo que se piensa y ya se ha demostrado. Hay catorce ciudades de la Triple Alianza que podrían haber sido conquistadas por este gran caudillo.

No cabe duda, Cortés, Alvarado, y otros líderes españoles ocultaron lo más que pudieron ante Carlos V la ayuda de los caudillos indígenas, que en realidad, fueron los que conquistaron los territorios del extenso imperio azteca para Cortés y la Corona española. ¿Peleó Cortés? ¿Fue un gran caudillo? ¿Fue un gran cabildero y hacedor de alianzas? ¿Fue un gran estratega militar? Claro que sí, pero la historia que te cuentan amigo, en parte es mito.

¿Traición al emperador mexicano? No hay tal. México, como la España del Cid, no existía como nación unificada. Mesoamérica estaba dividida en varios reinos sometidos bajo el poder implacable y cruel del Tlatoani azteca. Estos pueblos simplemente se sublevaron a las órdenes de un líder en el que pusieron sus esperanzas de libertad: Cortés. Fueron defraudados… Hasta el día de hoy.

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De HORIZONTUM, 03/07/2017 

1 comment:

  1. Es creíble.. y se queda corta la información..
    y los defraudados... como tal seguirán hasta el final del tiempo.
    Saludos!!

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