Thursday, October 23, 2014

De los montoneros a los anarquistas/David Viñas


Hernán Sassi

Alguna vez Federico Monjeau sostuvo que Theodor Adorno fue un agudo crítico, pero su diatriba contra la industria cultural lo llevó a desatinos frente al cine de Hollywood, el rock y el jazz; y por ello, en su opinión, algunos de sus textos servían —y mucho— para pensar el pasado antes que el presente y el futuro. Si bien por otras razones, de David Viñas podría decirse lo mismo, aunque quizá no estemos totalmente en lo cierto.
Analista de procesos y de itinerarios antes que de autores, y menos de obras, Viñas hilvanó trayectos y fue Del apogeo de la oligarquía a la crisis de la ciudad liberalDe Sarmiento a Cortázar o, como aquí, De los montoneros a los anarquistas. Este libro, escrito en 1969, era el primer volumen de la proyectada y trunca colección “Rebeliones populares argentinas”Sin los ademanes altisonantes ni los juicios categóricos de su faz de ensayista, escribe aquí su primer libro historiográfico, el único decididamente didáctico. Traza los confines del imperio capitalista “del burgués conquistador”, que se extienden a Egipto, a China, a la Argentina, y se detiene en “el revés de trama”, en los núcleos resistentes a ese nuevo orden: en las montoneras del siglo XIX y el anarquismo de principios del siglo XX, una filosofía emancipatoria relegada por buena parte de las culturas de izquierda.
Como lo hiciera en la crítica literaria, en la crítica histórica Viñas polemiza con el pensamiento liberal, así como también con el revisionismo nacional y con la ortodoxia de la “izquierda rupestre”, como él la llamaba. Si bien no escribe un capítulo vacante de nuestra historiografía,ya que la hipótesis central de la primera parte (las montoneras “carecían de contenido social progresivo”) había sido trabajada por Milcíades Peña desde una común visión materialista en los años cincuenta, es iluminador el trayecto que propone entre los montoneros y el anarquismo. Los montoneros no serán ya precursores de un nuevo orden, como creía el revisionismo nacional, sino la primera encarnación de un espíritu insumiso que, como retorno de lo reprimido, adoptará formas sombrías de “cabezas de tormenta” como las de Simón Radowitzky y Errico Malatesta, de los maximalistas de la Semana Trágica o de los sindicalistas de combate del Cordobazo.
En la nota de 2007 para esta edición, Viñas aclara: “los planteos generales de 1971 se encuentran vigentes”. Quien gustaba decir de sí mismo que era más “contrera que gorila” y reconocía entonces la reparación que se venía haciendo de los excesos del orden (neo)liberal quizá destacaba, con esta línea, que aún faltaba recuperar cabalmente aquel perdido espíritu libertario, y que este debía cuidarse para que no se neutralizara a manos de una burocracia revisionista que pronto llegaría al pináculo con el Instituto Dorrego. La advertencia es válida, pero como le hubiera gustado a Viñas, hay que poner esa insuficiencia en contexto: desde hace unos años asistimos a un revisionismo de Estado que, aunque contradictorio en los términos, ha sido necesario, porque lo que se dejaba atrás no era la más que centenaria historia oficial de la república liberal, sino lisa y llanamente el fin de la Historia.

David Viñas, De los montoneros a los anarquistas, Santiago Arcos, 2014, 160 págs.



octubre 16, 2014
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De OTRA PARTE, 

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