Friday, November 17, 2017

Trumpcito

JORGE MUZAM

Se nos viene Piñera tan vociferante. Se nos viene la extrema derecha tan callando. Los afilados colmillos de la UDI, el feudalismo RN, el apolillado PRI. No hay desvío que detenga a la locomotora. El prontuario es una anécdota, las imputaciones una fruslería, el amancebamiento con el pinochetismo más duro una necesidad, la mediocridad de su primer mandato un recuerdo difuso.

Su programa, en apariencia, apunta al desmantelamiento de lo poco que se había avanzado en materia social. Desarticulación de la tibia socialdemocracia chilena. Privatización paulatina de educación y salud, concesión de recursos naturales, reforma tributaria pro empresarial, murallones legales a la inmigración.

Piñera y sus boys han aprendido de las lecciones que dejó la elección de Trump. Simplificación de propuestas, impostura, gestualidad mussoliniana, fastuoso despliegue de prensa rastrera y tonteras al por mayor que reditúen la imagen de un presidente simpático, cercano y chacotero.

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De INMEDIACIONES, 15/11/2017


Thursday, November 16, 2017

Presidenciales combustibles

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES

Hay quienes la han llamado la “peor elección presidencial” de la historia. Sea por oferta electoral, contenidos, propuestas y divergencias. No sé si da para tanto. Todo dependerá de cuál sea el evento republicano precedente con que se le compare. Hubo tiempos en que unos pocos chilenos votaban a favor o en contra de los cementerios laicos y la instrucción primaria obligatoria y el resto según lo que les indicara el patrón en el acarreo.

Más tarde, para elegir entre alinearse con los yanquis, los rusos o los chinos. Todo dependerá, también, con cuánta nostalgia se mire el paréntesis 1973 – 1990, cuando la discusión política fue suplantada por bandos, torturas y entierros clandestinos. Sin embargo, si hay algo que ha caracterizado a esta campaña de las anteriores –tomando como punto de referencia el retorno de la democracia- ha sido el tono altamente combustible entre candidatos. Pero no se trata de una combustión demasiado épica, con heridos en el camino, ni senderos flanqueados por tumbas, sino más bien como las explosiones, disparos o golpes de los antiguos dibujos animados de la Warner Bros: un par de sacudidas y a seguir tan campantes como en el inicio.

De cada dicho de un candidato, una réplica iracunda. De cada opinión, una sanción moral. Desde los chistes burdos dichos en el fragor de un mitin hasta las opiniones sobre los llamados “temas valóricos” (que, a fin de cuentas, se limitan a la libido de los chilenos y sus consecuencias demográficas), siempre habrá alguien que responderá con una mano en el corazón y los ojos en blanco apuntando hacia el cielo. Característica que no ha sido sólo patrimonio de los candidatos de los extremos como José Antonio Kast (conservador y pinochetista reconocido) y Eduardo Artés (socialista filo norcoreano y el más izquierda en medio de una sobreoferta de candidatos en el sector).

También hacen lo suyo Sebastián Piñera que, si no está tratando de hacerse el simpático o inventando citas al estilo del Chapulín Colorado, se dedica a la autoalabanza y a erguirse en el único salvador del caos provocado por los cuatro años de Michelle Bachelet. Su principal contendor según las encuestas, Alejandro Guillier (independiente apoyado por socialdemócratas y comunistas), navegando entre las aguas de una seudo candidatura ciudadana, a medida que más se acerca la elección, acentúa sus convicciones a favor de la regulación estatal y sus promesas electorales, espantándose con todo lo que huela a piñerismo, como si fuese una criatura nacida anteayer (hasta hace un par de años, el mismo confesó sentirse representado por el ex Presidente empresario).

Beatriz Sánchez sólo se ha sumado a la camotera cuando alguien toca una fibra de su feminismo militante, porque el resto del tiempo dedica a sortear las contradicciones de su bloque político, el naciente Frente Amplio, y de no ser vista como una versión remozada de Michelle Bachelet. Marco Enríquez Ominami (líder del Partido Progresista) tal vez ha sido el más iracundo del grupo, pegándole a todo el que se le cruce por delante, creando polémicas hasta si lo miran feo y con eso ascender en las preferencias.

Carolina Goic, con su candidatura intentando aglutinar el centro político, se espanta con todo aquello que se salga del marco de su adorada clase media, desde el fantasma del comunismo hasta el prontuario económico Sebastián Piñera (entre ambos han tenido últimamente rounds donde se acusan mutuamente de falta de probidad). Cerramos con Alejandro Navarro cuya propuesta, pese a nacer abortada por el mismo Frente Amplio, acaba por sacar sonrisas por su exceso de convicción y porfía inspiradas en un chavismo a destiempo, sin caer en las exageraciones de Artés.

La televisión también ha aportado su cuota de gasolina, empeñándose en realizar verdaderos ataques a la yugular de los candidatos. Los programas políticos -sean en formato de entrevistas, foros, reportajes o debates- se han vueltos seudos circos romanos que buscan que los aspirantes a La Moneda queden en frente a la pantalla como corruptos, mentirosos, ignorantes, incoherentes, analfabetos, machistas, traidores y demagogos.

Los primeros planos con gotas de sudor nervioso, voces temblorosas, titubeos, contrastan con la faz satisfecha de los periodistas, sintiéndose héroes de la jornada, por el efecto del veneno que guardaban debajo de la manga. Por cierto que se trata de un veneno sino inocuo, de corto alcance. Como las armas marca Acme que jamás liquidaron al Coyote en sus tantos intentos fallidos por darle alcance al Correcaminos. Desde sus podios, los candidatos persistirán en que el futuro de Chile está en juego. Como en todas las elecciones ni más ni menos.

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De INMEDIACIONES, 13/11/2017


Virajes

EMILIO LOSADA

-Perdona si te he molestado, es que por un momento comprendí que estamos todos muertos.
Pablo Cerezal


bien, mi pequeño picaflor galáctico, supongo que ya puedes oírme. seguro que reconoces mi voz. tú sólo escúchame, no intentes decir nada. aún no. y no te asustes si te notas algo extraño: ahora sólo eres alma. es mejor que lo asumas cuanto antes. tantos años remodelando la fachada para acabar así, tiene gracia, ¿no? sé cómo te sientes, esto suele pillarle a uno con el pie cambiado y siempre ocurre demasiado pronto, pese a que algunos, cuando se refieren a tipos como nosotros, sostengan lo contrario. no puedo engañarte, te confieso que me alegré cuando supe que ibas a recalar en este satélite. decidí entonces ser el primero en recibirte. no me costó dar contigo: las almas gemelas aquí nos reconocemos por sensaciones, nos sentimos, no sabría explicártelo mejor. seguro que tú lo captas, siempre tuviste una gran capacidad de asimilación, hasta supiste comprenderme a mí cuando nadie lo hacía. te pido disculpas si no fui demasiado efusivo al agradecerte el espaldarazo. nunca es tarde. ya me conoces, no suelo sonreír gratuitamente a la cámara y tensando ambientes soy el número uno. lo que importa es que seguimos en la brecha. somos afortunados, estamos más preparados que la media para afrontar este tipo de eventualidades. alguna ventaja tenía que tener ser rarezas. le echamos arrestos, vaya que sí: la noche estaba llena de puertas y nosotros las quisimos cruzar todas sin miedo a lo que nos pudiéramos encontrar al otro lado. se nos puede tachar de todo menos de cobardes. me quedé corto en el improperio, todas aquellas almas en pena ni siquiera alcanzaron a arañar una sola de nuestras semanas. nos tildaban de nihilistas y de autodestructivos cuando consumíamos vida con voracidad vampírica, nos regalábamos interminables baños de vorágine y desinhibición, alegremente nos atiborramos de venenos ofertados por cualquiera, exploramos nuevas formas de amor hasta la náusea, no nos cortábamos ni un pelo y encima lo vimos venir, estábamos más despiertos de lo que suponíamos: cuando llegamos al borde del precipicio volvimos a agarrar el volante y nuevo viraje al canto. lo nuestro ha sido siempre una sucesión de comienzos, la revitalización formaba parte del proceso. lo esencial no había cambiado: entre sentimiento y emoción, la emoción, siempre la emoción, ¿recuerdas? sin ningún titubeo ni sombra de dudas, se pasa de página, se acaba un libro y se abre otro, encuentras otros estímulos, todo sigue descolocado y en su sitio a la vez, todo encaja, como siempre, la sensación no cambia, uno se mimetiza, se reinventa, es de idiotas aferrarse a una sola personalidad cuando te puedes apoderar de otras tantas, es algo a lo que aún hoy le sigo dando vueltas. ¡pobres necios! si hubieran reparado en toda la magia que tenían ante sus narices, si hubieran sabido ver lo cerca que tenían la salida se habrían salvado. lo sentí por muchos. no sé tú, pero yo no solté nunca prenda al respecto, un pacto es un pacto. disculpa si te estoy calentando demasiado la cabeza. sé que éste es un momento duro para ti, aunque eres afortunado, siempre lo has sido, has corrido mejor suerte que yo, a mí nadie vino a recibirme, sucumbí a un acceso melancólico que presumí eterno, extrañé la isla, el olor fuerte del río al alba, los chismes, los viajes, mis mismos andares, y para colmo sentí verdadera compasión por los que se quedaron allá. estaba muy solo e intenté sin éxito dar con alguno de mis maestros, dos en particular, sabes de quiénes hablo. supongo que sus almas deben pulular por un satélite superior, mala suerte, igual es que aún no he pasado de fase, o quizá es que llega un momento en que esto se acaba definitivamente. debes saber desde ya que aquí se despejan pocas incógnitas, lo que no deja de ser una buena noticia. tú y yo nos derrumbaríamos sin alicientes. bueno, te estoy atosigando, lo sé. hay cosas que deberás ir descubriendo por ti mismo. ahora lo mejor es que te deje solo. tú relájate, insisto, pronto te adaptarás al nuevo ámbito y sabrás darle la vuelta a unas circunstancias que no acabarán de convencerte, es lo natural en ti, lo llevas dentro. te dejo. ha sido un placer darte la bienvenida a éste tu satélite. ya nos sentimos, hermano, mi igual, mi pequeño picaflor galáctico. feliz viraje.

(Texto aparecido en el libro Lift off: un homenaje a David Bowie, editado por la revista La galla ciencia)

Bolivia erótica

RODRIGO URQUIOLA

Erótica (Plural, 2017) es la segunda antología de cuentos bolivianos del género o que, por lo menos, se aproximen a él. Un primer libro similar —denominado Antología del cuento erótico boliviano a secas— fue el que realizó Jaime Iturri al reunir a autores tales como René Bascopé, Ramón Rocha Monroy, Gonzalo Lema, Juan Claudio Lechín, Adolfo Cárdenas o Giovanna Rivero, entre otros. Esta primera antología fue publicada en 2001 por la editorial Alfaguara. En Erótica, dieciséis años después, el único autor que repite presencia, pero con distinto cuento, es Homero Carvalho.

Cuando Ernesto Calizaya, antologador de Erótica, me pidió un cuento, estuve ante una disyuntiva. Nunca se me había ocurrido pensar un cuento antes de escribirlo encasillándolo en tal o cual género aunque después alguno hubiera terminado rozando o cayendo en un espacio determinado. Pero, pensé, en realidad la premisa es relativa. Sometí La habitación de papel a su juicio, un cuento de mi primer libro, Eva y los espejos. Este cuento finaliza con una escena sexual en un territorio habitado por dos seres que se acompañan pero están embriagados de soledad. Hay violencia en esta escena e impotencia existencial. No es lo que yo mismo esperaría de un cuento cuando me anuncian que es erótico. Entiendo por erótico a un relato que no solamente excite la mirada sino que provoque un erizar de la piel. Y esa no era mi intención cuando escribí, en el ya lejano 2008, este cuento.

Cuando terminé de leer Erótica, quizás en el momento preciso, viajando de Cochabamba a la candente Santa Cruz, me pareció que uno de los mejores cuentos de esta antología, Se busca, de Patricia Requiz, más que complacer al lector curioso, lo desafiaba a observar, con su mirada buscadora de resquicios íntimos, algo de lo que se oye, pero que no se ve. Voy a spoilear: un hombre le habla del sexo que están a punto de tener a una mujer que parece menor que él y finaliza cuando te das cuenta de que esa menor es una bebé. Es un cuento terrible, que provoca un tambaleo, me dejó mal, con rabia inclusive: como lector me olvidé de que estaba buscando sensaciones seductoras y me sorprendí ante la crueldad de un hecho monstruoso.

El día que conocí a India Summer, de Claudio Ferrufino, es otro de los cuentos que más me gustó, sobre todo por la construcción del lenguaje y el juego entre ficción y realidad. Un asiduo visitante de páginas porno se encuentra el billete dorado del Wonka sexual: una grabación con la famosa India Summer. Sin embargo, después de que todo sucede y, luego, cuando se ve a sí mismo en la página, no se reconoce, es como si nunca hubiera sucedido.

Destaco también los cuentos Las pinceladas de Selena, de Sisinia Anze y La noche tiene dos caras, de Erick Ortega, por la sorpresa ante la que uno se encuentra, el famoso giro de tuerca, cuando se llega al final de ellos, ambos tienen construcciones llamativas.

Si bien en Se busca, de Requiz, el lector erótico se halla ante un conflicto, en el otro lado de la orilla, se ve recompensado. Los cuentos de los autores orientales Homero Carvalho y Manfredo Kempff invitan al roce de la imaginación y a la aventura. En Encuentros cercanos, el de Carvalho, una mujer le escribe a un escritor porque necesita contarle sobre su variopinta vida sexual en cuyo menú habrá de incluir al inventor de historias. Por otra parte, Cuando fui Nerón, de Kempff, le hace un breve guiño a La metamorfosis, de Franz Kafka, y convierte a un señor —me lo imaginé miembro de una tradicional familia cruceña, cabeza pintando canas, algo subido de peso, vistiendo camisa de manga corta y colores claros, quizás metido en la política, quizás en algún alto cargo, quizás desde el alto cargo manoseando a sus subalternas sin que le importen siquiera las cámaras de televisión, la imaginación vuela, discúlpenme este arrebato— en un perro con una dueña hermosa. Y, como es inevitable, Nerón, el perro humano o humano perro, se enamora de su sensual ama y la desea con fervor. Ella, que sospecha la humanidad subyacente, termina deseando a su mascota y sucede lo que tiene que suceder. Kafka estaría contento —nota aclaratoria: mi perrito lleva el apellido del escritor checo, cuya escritura admiro, de nombre—.

Erótica es un interesante acercamiento a la escritura de autores emergentes, como la ya mencionada Requiz, y también una manera nueva de observar el trabajo de escritores asentados en nuestro medio, como Magela Baudoin, o Ferrufino, o Carvalho, o Kempff, o Manuel Vargas. Cabe rescatar, también, que, como toda buena antología, propone varias maneras de entender algo, en este caso, un género literario, el erótico, a partir de una mirada nacional, de la que, nombres sobrando nombres faltando, se puede adivinar un rumbo, una búsqueda y, en el mejor de los casos, una provocación.

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De TENDENCIAS (LA RAZÓN/La Paz), 15/11/2017

Imagen: Austin Kincaid, de fondo



Wednesday, November 15, 2017

Eliseo Reclus: geógrafo y anarquista


ÁLVARO RODRÍGUEZ TORRES

"La Geografía es la Historia en el Espacio, lo mismo que la Historia es la Geografía en el Tiempo."

Reclus, El hombre y la tierra.


Fugitivo de la teología, agricultor fracasado, teórico del anarquismo, brillante exponente de la geografía comparada y uno de los mayores viajeros de su tiempo a pesar de lo contradictorio de su apellido (reclus en francés significa recluido, recluso). ElIseo Reclus es una figura apasionante. Nace en Francia, en Sainte-Fay-La Grande, Gironda, el 15 de marzo de 1830, segundo de una familia de catorce hijos de un pastor protestante, cuya madre descendía en línea directa de Enrique I de Inglaterra. Los hermanos de Eliseo alcanzaron también gran notoriedad: Elías, el mayor, mitólogo y etnólogo, profesor de religiones comparadas en la Universidad Nueva de Bruselas; Onésimo, geógrafo experto en África; Pablo, notable cirujano, profesor de la Escuela de Medicina de París; Armando, oficial de la Marina francesa, explorador de la zona del Darién y uno de los padres del proyecto del Canal de Panamá.

En el prólogo de la Novísima geografía universal, de Onésimo y Eliseo Reclus, Vicente Blasco Ibáñez, también autor de la traducción, afirma: "En 1842, cuando Eliseo tenía doce años, abandonó la casa paterna con su hermano mayor Elías para ganarse el pan y conocer el mundo, dirigiéndose a Alemania, donde encontraron en Nemwied (provincias renanas) un puesto en el colegio dirigido por los hermanos moravos". La estadía en ese establecimiento, más bien lánguida, les permite familiarizarse con el alemán y otros idiomas. Los Reclus conocen en ese internado al futuro novelista británico George Meredith. Cuando Eliseo regresa a Francia en 1847, se matricula, por indicación de su padre, en la Facultad de Teología de Montauban. En 1848 estalla la revolución en París, acontecimiento que cambia la orientación intelectual de Eliseo, que a sus lecturas habituales añade ahora las de Saint-Simon, Fourier, Augusto Comte. Elías y Eliseo se escapan del colegio con otros compañeros, recorriendo las provincias francesas del Mediterráneo, donde se mezclan en agitaciones populares de un marcado carácter socialista. Entonces el padre, que no pierde las esperanzas de contar con otro pastor en la familia, decide enviar a Eliseo a estudiar teología a la Universidad de Berlín. Pero ya es tarde. Ha de resignarse a la evidencia de la transformación de su hijo, que desdeña ahora la teología "y se inclina al viento de los ideales modernos". Eliseo cambia las Escrituras por las clases de Kari Ritter, catedrático de geografía de la Universidad de Berlín, autor de La geografía en sus relaciones con la naturaleza y la historia del hombre, obra inconclusa en diez tomos, publicada entre 1822 y 1859, uno de los trabajos fundamentales de la geografía comparada que, en cierta manera, sería complementado más tarde por la Geografía universal de Eliseo Reclus, al incluir estudios de Europa, América y Oceanía.

En 1851 Eliseo y Elías vuelven a Francia, a Orthez, a la casa paterna. En diciembre de ese año se produce el golpe de Estado de Luis Napoleón, presidente de la República, quien ocupa el trono imperial como Napoleón III. La muerte de la joven República suscita olas de protesta y un levantamiento armado en la capital y en las provincias. Mientras Víctor Hugo encabeza la insurrección en París, en Orthez, Elías y Eliseo Reclus fracasan en su intento de tomarse el ayuntamiento. El gobierno ordena la deportación de los insurrectos. El 1 de enero de 1852, los dos abandonan Francia. Se instalan en Londres, donde aspiran a desempeñarse como maestros. No lo consiguen, y marchan a Irlanda donde subsisten como peones agrícolas.

A los 22 años, personaje escapado de algún relato de Conrad o Melville, Eliseo Reclus se embarca como ayudante de cocina del John Howell, velero de tres mástiles que zarpa de Valentía con destino a Nueva Orleans. En Estados Unidos, consigue empleo de preceptor en casa de los Fortier, propietarios de extensas plantaciones. Entonces descubre la tragedia de la esclavitud. Su capacidad de análisis y su indignación compasiva le permiten escribir "La esclavitud en los Estados Unidos", serie de artículos publicados por la Revista de dos Mundos en 1860, cuando se inicia la guerra de Secesión. Impelido por su deseo de conocer nuevas tierras, recorre varios países de América Latina y en 1855 llega a la Nueva Granada. En el prefacio a Viaje a la Sierra Nevada de Santa Marta (París, 1861) dice: "En 1855 un proyecto de explotación agrícola y el amor a los viajes me llevaron a la Nueva Granada. Después de una permanencia de dos años volví sin haber realizado mis planes de colonización y de exploración geográfica; sin embargo, y a pesar del mal resultado, nunca me felicitaré lo bastante por haber recorrido ese admirable país, uno de los menos conocidos de América del Sur, ese continente así mismo poco conocido". En noviembre de 1869 aparece en Bogotá la traducción de este libro realizada por Gregorio Obregón y publicada en la Imprenta de Foción Mantilla.

El 1 de julio de 1857 Eliseo Reclus le escribe a su madre: "Salgo hoy a bordo del navÍo Providence con destino a El Havre. Como curiosidad merecedora de serte referida, diré que no tengo mucho, aparte de mi propia persona". Ya en Francia, publica ese año La historia del suelo de Europa, su primera obra. Para ganarse la vida redacta estudios geográficos para Revista de dos Mundos, Boletín de Geografía y Revista Germánica, y colabora con las guías de viaje publicadas por la Librería Hachette, que pretendía así competir con Baedeker. Estos trabajos lo obligan a desplazarse por Alemania, Suiza, Italia, Inglaterra, España y Sicilia. Citemos algunos de ellos: Guía de Saboya. Excursiones por el Delfinado, Guía de los viajeros en Londres, Los Alpes Marítimos. También traduce al francés parte de la obra de su maestro Karl Ritter. Eliseo, que a veces trabaja en colaboración con su hermano Onésimo, empieza a ser reconocido. Y no sólo en Francia. Por aquella época el Times ya lo considera "uno de los grandes geógrafos de nuestro tiempo".

Sin embargo, "contra lo que pudiera parecer, el geógrafo no había enterrado al anarquista". En los Manuscritos de Montauban (denominados así por su sobrino), Eliseo Reclus había escrito: "La anarquía es la más alta expresión del orden. Para que el socialismo llegue a su perfecta expresión, es preciso que salvaguarde al mismo tiempo los derechos del individuo y los derechos colectivos. El hombre no es un accidente sino un ser libre, necesario y activo, que, ciertamente, se une con sus semejantes pero no se confunde con ellos". En 1867 se afilia a la Internacional de Trabajadores.

La casa de la calle Feuillantines Nº 71 en París, donde viven Elías, Elíseo y Clarisse, su compañera, es centro de reunión semanal de anarquistas y emigrados rusos, polacos, españoles. En 1868 aparece el estudio de Eliseo sobre los continentes, que constituye el primer volumen de La Tierra, y luego sus libros Historia de una arroyo e Historia de una montaña, ejemplos clásicos de geografía viviente. En Francia y en el extranjero, se afianza su fama como geógrafo. Clarisse, hija de senegalesa y de un capitán de la Marina Mercante de Sainte-Fay, muere el 28 de febrero de 1869.

La guerra Franco-Prusiana estalla en 1870 y Eliseo, unido ahora a Fanny Lherminez, ingresa a la Guardia Móvil o Batallones de Marcha. Al saber que se está organizando un cuerpo de globos dirigido por Nadar, fotógrafo amigo suyo, Eliseo envía una carta solicitando ingreso: "Creo que podría ser útil. A la cualidad de ser más pesado que el aire, uno la de ser geógrafo y un poco meteorólogo. Además, tengo voluntad". Nadar y Reclus crean el servicio de palomas mensajeras que tanto alivia el sitio de París. Cuando termina el enfrentamiento con Prusia es proclamada La Comuna en París, lo que significa la guerra civil. Reclus aboga por la conciliación en un artículo escrito para El Grito del Pueblo, diario de Jules Vallés. En una salida de las tropas "federadas", a las cuales se había unido como voluntario, es hecho prisionero por las tropas de Versalles en la explanada de Chatillon.

Detenido, soporta meses de incertidumbre, hasta que el 15 de noviembre de 1871 es sometido a un consejo de guerra en Saint-Germain, que lo condena a deportación perpetua. Tanto en Brest como en Quelern, prisiones a las que es sucesivamente trasladado, hace gala de admirable entereza. Corrige en las mazmorras las pruebas del segundo volumen de La Tierra y organiza cursos de geografía e inglés para los presos que van a ser deportados a Nueva Caledonia. Elías, que durante La Comuna dirige la Biblioteca Nacional, luego de la derrota debe huir para salvar la vida.

Gracias a la intervención de algunos europeos notables pertenecientes al mundo de la ciencia y de las letras, la sentencia de deportación- perpetua es conmutada por diez años de destierro. Entre ellos se encuentra Charles Darwin. Reclus permanece en Suiza desde 1872 hasta 1890. Fanny Lherminez muere en Lugano en 1874 y Eliseo, que soporta mal la soledad, se une a la botánica y entomologista Ermance Trignant-Beaumont. Los de Suiza son años de intenso trabajo y en su nueva esposa encuentra una colaboradora invaluable. En 1872 firma con la casa Hachette un contrato para la redacción y publicación de la Nueva geografía universal: 19 tomos de 800 a 900 páginas cada uno, mil grabados y cuatro mil mapas, obra que se editaría primero en fascículos de 16 páginas. Reclus emplea veinte años en concluirla. Por su trabajo recibe 600 francos mensuales, más dos céntimos por cada fascículo vendido.

En 1877, Reclus conoce a Pedro Kropotkin. El anarquista ruso era también geógrafo y sus trabajos científicos despiertan todavía hoy gran interés. En Alrededor de una vida, el príncipe ruso trazó el retrato moral de Eliseo: "Era el prototipo del verdadero puritano por su manera de vivir y, desde el punto de vista intelectual, el filósofo o enciclopedista francés característico del siglo XVIII; el anarquista para quien el anarquismo no es más que el compendio de su vasto y profundo conocimiento de las manifestaciones de la vida humana bajo todos los climas y en todas las épocas de la civilización, y cuyo estilo, de una belleza apasionante, conmueve el alma y la conciencia".

Eliseo Reclus muere en Thouront, Bélgica, el 4 de julio de 1905. Se había trasladado a ese país por invitación de la Universidad de Bruselas para dictar un curso de geografía. Diferencias insalvables con las directivas motivaron que el curso no se realizara allí sino en la Universidad Nueva (conocida también como Instituto de Altos Estudios y Universidad Libre), fundada por el propio Reclus y por Guillermo de Greet, para dictar en ella sus clases.

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De REVISTA CREDENCIAL, Bogotá, 1992

Imágenes:
Eliseo Reclus. Dibujo de Juan David Giraldo. Islas de la Magdalena
Indígenas de Santa Marta y vado del río Enea o Tapias, cerca de Rioacha.
Grabados de "viaje a la Sierra Nevada"
Jóvenes de Santa Marta 


Viaje alrededor de mi cuarto

MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ

Lo hubiese emprendido antes con gusto si no me hubieran acuciado dos leyendas o divisas, y una advertencia de Xavier de Maistre, autor del libro que lleva ese título; pero las divisas ahí siguen, haga lo que haga, y el cuarto allí estaba, a la espera de que me metiera en él de una vez. Una es de un reloj de sol, «Es más tarde de lo que crees», leída hace mucho en una novela de Carlos Pujol, la otra, una pintada de Mayo 68: «Cours camarade le vieux monde est derrière toi!».  La advertencia de De Maistre es que de ese viaje no se regresa. Es posible, tal vez por eso cueste emprenderlo. Llega un día, y no sé cómo, tal vez por haber recibido un inesperado «golpe de gracia», que lo haces sin darte cuenta. Leía hace poco en Mientras embalo mi biblioteca, ese libro melancólico y estimulante de Alberto Manguel, que la propia biblioteca puede servir de consuelo, sobre todo los cachivaches que han ido a parar a ella con los años, los viajes, las casas en las que he vivido estos años de manera más o menos pasajera, sedentario y nómada, las andanzas urbanas y las caminatas de monte y bosque, las husmas en las penumbras de las viejorrerías, los mercadillos, las casas abandonadas, las ruinas y derribos… capítulos de una novela desordenada, piezas sueltas del rompecabezas deteriorado de la propia vida. Te pueden decir que no están los tiempos para frivolidades, pero justamente el que no lo estén para casi nada, te obliga a buscar refugio en algún lado,  a parapetarte sin tapiar las saeteras, eso sí que no… sobre todo cuando ves que el estar de continuo en la trinchera de poco sirve.

Llevo unas semanas intentado poner orden en ese cuarto, sacando el polvo, removiéndolo, pensando en los años perdidos y en los libros ganados al barullo y al desorden, y en lo que queda por hacer que es mucho, tal vez demasiado, y el intentar explicarme lo inexplicable… ¿Por qué? ¿Por qué esta manía grafómana, bibliómana, coleccionista de restos casi arqueológicos, conservador de reliquias cuyo significado morirá conmigo? Pues sí, aquí empezó el viaje. Veremos hasta dónde llego o si tenía razón De Maistre y de aquí ya no salgo. (Continuará…)


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De VIVIRDEBUENAGANA (blog del autor), 15/11/2017

Imagen: Biblioteca del autor

a su servicio

PABLO CEREZAL

Un envoltorio de luna y dactilografía ebria para el caramelo agrio de mi alma. Una ventisca mentirosa que se cuela por la ventana proporcionando ilusión de máxima filosófica a los malos humos de mi tabaco y a la densidad de hollín de mi alma. La noche y las teclas. Las teclas que presiona la noche, cuando los fantasmas juegan escondite de niño travieso. La noche y mi batalla contra la botella y la página en blanco, que ni es página, ni es blanca, como no son blancas las octavas entre las que se mueven mis dedos cuando pretendo despertar sinfonías al piano sinuoso de tu piel, estropeando sólo el barniz musical de tu vientre y la placidez de tu sueño. Me he dejado los dedos y los ojos, cual restos de un festín caníbal, frente a una pantalla que sólo refleja mi propia soledad. He escrito demasiado. Y me pregunto: ¿para qué?, ¿quién será el destinatario de esta servidumbre nocturna y deshabitada a que me someto? Servidumbre...

El día me sorprenderá con la poca sorpresiva mueca de esas otras servidumbres a las que me pliego para poder alimentar a mi hijo, cada día. Y al salir del trabajo paseo las calles de una ciudad en ruinas. Asfixio mis ansias de fumar -esa ansiedad casi sexual- calzándome en la cabeza el plástico de la polución -esa fantasía casi sexual-. Persigo piernas como tijeras que recortan las esquinas, las baldosas y el botín de los mendigos. Piernas jóvenes, tal vez demasiado, lo siento, mi genética animal no entiende de correcciones políticas ni consignas de muro de facebook, me pierden esas piernas Lolita que juegan a la vida pisoteando las de miles de Humbert Humbert tan despreciables como yo mismo. Piernas que me conducen hasta las puertas de uno de esos mercados que no lo son... ya saben: carrefoures, mercadonas, ahorramases, lideles, hipercores y etcéteras. Una vez dentro, tus piernas nínfula driblan como las de un héroe balompédico, y te pierdo por los pasillos. Te pierdo, pero, afortunadamente, recupero la cordura: necesito cayena para el guiso de esta noche.

Paseo corredores de luminotecnia y oferta, a la busca del rincón donde habitan las especias. Hubiese preferido perder el tiempo en busca de esas piernas impúberes que, de seguro, habrán derrochado vértigo para dar con una botella de ginebra exótica, un suponer. Habría mostrado con mayor generosidad mi servilismo. Mejor servir a unas piernas que al dictado loco de la melopea, frente al teclado, en la noche. Pero me pierdo, ya digo, buscando el rincón donde habitan las especias, como si fuese a descubrir esas Indias que alguien quiso alcanzar surcando el globo terráqueo.

Por el camino he sorprendido, en un estante, la sorpresa inútil de los periódicos. Ya nadie los compra, eso lo sabemos, pero quedan bien en estos establecimientos, ayudan a disimular que no sabes moverte en su interior: tomas uno entre las manos, hojeas sus páginas como si vivieses en el pasado y aún soñases con encontrar un empleo bien remunerado entre sus páginas sepia. Pero la hojarasca del periódico que sostengo remueve un titular que asevera: la economía española recupera, gracias al sector servicios, el empleo y PIB perdidos durante la crisis. ¡Pues mira tú qué bien!
 
Abandono, en su repisa, el periódico. Camino pasillos que ya perdieron tus piernas. Pero encuentro la cayena, y me dirijo hacia la zona donde se ubican las cajas, obediente, servil, dispuesto a pagar. Sí, pasar por caja, en uno de estos establecimientos, sin siquiera haber intentado un mínimo latrocinio, refuerza mi condición servil. En la zona donde se ubican las cajas, tipos modernos y, al contrario que yo, nada serviles, muestran su autosuficiencia sirviéndose ellos mismos la factura de la compra, en máquinas de autopago, con mucha alharaca de bolsillos y tarjetas, con excesivo alarde de sabiduría cibernética. Pasan por caja, como yo. Pero en la suya no hay cajera alguna, y yo me pregunto por la recuperación del sector servicios.

Llego tarde, demasiado, a casa. Por el camino, hablo telefónicamente con un amigo, y le explico que quiero preparar un curry esta noche, y que me faltaba la cayena. Es uno de esos amigos poco dado al servilismo, y me explica que me hago líos, que él va a pedir comida a un nuevo restaurante vegano maravilloso, y que a una aplicación de tu smartphone te permite hacer el pedido, y te lo llevan a casa. De esta forma se ahorra el mal trago de ofender con sus inquietudes a la servidumbre, ya saben: el camarero, el friega platos, el sumiller, el personal de limpieza del restaurante. Servido en casa, y uno mismo haciendo las labores de tanto sometido, sin obligarles a laburar servilmente en sus serviles labores. Yo, nuevamente, me pregunto por la recuperación del sector servicios.

Me pregunto qué magia existe en ese crecimiento del empleo vía el sector servicios, y si no seremos nosotros lo que estamos empleados, a coste cero, con máxima ganancia para el empresario. Me pregunto si esto, en el fondo, no supondrá destrucción de empleo. Lo sé, suena a demagogia, y mi amigo me lo certifica explicándome que cuando inauguran una caja de autopago debe haber un empleado que te indique cómo hacer tu compra. No sé, llámenme antiguo, prefiero lo de antes. Llámenme antiguo, aún busco las páginas sepia en los periódicos. Antaño, cuando comía fuera de casa, agradecía hacerlo, justamente, por el servicio. Los platos, salvo que sean deconstrucciones de tortilla de patata que no me atrevo a elaborar por miedo a los químicos y el instrumental quirúrgico, me los puedo preparar yo a menos coste, en mi cocina. Pero, en tal caso, yo sería el camarero y, de vez en cuando, más cuando pasas la vida entre fogones y bayetas, mola que sea otro quien te sirva, y pagarle, gustoso, por su trabajo, por su servilismo infame. Ya ven, uno, al fin, tras una vida entera denunciando la explotación, va a resultar explotador potentado.

El curry no me ha salido mal. Cenamos con el ruido de fondo de tertulianos que defienden o denigran la tan cacareada recuperación económica patria. Sí, esa que vivimos gracias al sector servicios. Después tú vas a la cama y yo digo no me esperes, quiero escribir.

Y aquí me veo, escribiendo sandeces que a nadie importan, y sin saber aún para qué o para quién las escribo. Preguntándome si la recuperación de la economía no se deberá a tantos mentecatos que, como un servidor, pierden su tiempo realizando labores que nadie, ya, está dispuesto a pagar. Porque, al fin y al cabo, somos tan modernos que sabemos hacer de todo, desde cobrar nuestra misma compra en un supermercado, hasta leer o escribir o consumir música en streaming o pedir una camiseta de marca made in bangladesh vía internet o alojarnos en complejos hoteleros todo incluido en que beber hasta el hastío adulterado y tirar comida hasta la saciedad recalentada, pasando por hacer de camareros en nuestro propio domicilio.

Creo que me voy a pasar a los nuevos tiempos. Abajo la servidumbre. Esta noche, el placer, amor, me lo proporciono yo mismo, que lo otro queda demasiado machista y demodé.

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De POSTALES DESDE EL HAFA, 15/11/2017